Generalmente
no existe una idea clara al hablar de valores y principios,
pues éstos suelen ser confundidos con la doctrina
o la ideología. Ambas (la doctrina y la ideología)
están fundadas sobre la base de valores y principios
que le dan sustento.
Para quienes se inspiraban en el positivismo, las
doctrinas estaban ya elaboradas por pensadores y filósofos
europeos y lo que correspondía era adaptarlas
o -en no pocos casos- adoptarla
El general Perón define con mucha claridad
y precisión este tema, cuando manifiesta: “Nuestra
Patria necesita imperiosamente una ideología
creativa que marque con claridad el rumbo a seguir
y UNA DOCTRINA QUE SISTEMATICE LOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES
DE ESA IDEOLOGÍA. .....Para ello debemos tener
en cuenta que la conformación ideológica
de un país, proviene de la adopción
de una ideología foránea o de su propia
creación. Con respecto a la importación
de las ideologías -directamente o adecuándolas-
se alimenta un vicio de origen y es insuficiente para
satisfacer las necesidades espirituales de nuestro
pueblo y del país”. (Perón, El
Proyecto Nacional, 1974)
“El mundo nos ha ofrecido dos posibilidades
extremas: El Capitalismo y el Comunismo. Interpreto
que ambas carecen de los valores sustanciales que
permitan concebirlas como únicas alternativas
histórico-políticas. Paralelamente,
la concepción cristiana presenta otra posibilidad,
pero sin una versión política, suficiente
para el ejercicio efectivo del gobierno”. (Perón,
El Proyecto Nacional, 1974).
“Los argentinos tenemos una larga tradición
en esto de importar ideologías, ya sea en forma
parcial o total. Es contra esa actitud que ha debido
enfrentarse permanentemente nuestra conciencia. Las
bases fértiles para la concepción de
una ideología nacional coherente con nuestro
espíritu argentino, han surgido del mismo seno
de nuestra patria. El pueblo, fuente de permanente
creación y autoperfeccionamiento, estaba preparado
desde hacía ya muchos años para conformar
una ideología nacional, social y cristiana.”
(Perón, El Proyecto Nacional, 1974).
"Sin embargo no fuimos comprendidos cuando, respondiendo
a esa particular exigencia histórica, propugnamos
la justicia social como inmanente al ser nacional,
a pesar de que la justicia social está en la
base de la doctrina cristiana que surgió hace
dos mil años......Al calor de intereses políticos
y económicos se originaron numerosos equívocos
- como la identificación de la democracia con
el liberalismo- promoviendo confusiones ideológicas
que -en su momento- configuraron el marco necesario
para el mantenimiento de los intereses imperialistas”.(Perón,
El Proyecto Nacional, 1974)
“La aparición y la evolución de
la concepción justicialista es la del desarrollo
histórico natural de nuestras ideas, y es patrimonio
de todo el pueblo argentino; en esa medida el ideólogo
es sólo un intérprete”. (Perón,
El Proyecto Nacional, 1974).
“En nuestro país persisten todavía
muchos esclavos de la injusticia. Ni la Justicia Social
ni la Libertad -recíprocamente apoyadas- son
comprensibles en una comunidad integrada por hombres
que no se han realizado plenamente en su condición
humana”. (Perón, El Proyecto Nacional,
1974)
“Es por eso que el Justicialismo quiere para
el hombre argentino:
• Que se realice en sociedad, armonizando los
valores espirituales con los materiales y los derechos
del individuo con los derechos de la sociedad; que
haga una ética de su responsabilidad social;
• Que se desenvuelva en plena libertad en un
ámbito de justicia social; Que esa Justicia
Social esté fundada en la ley del corazón
y la solidaridad del pueblo;
• Que tal solidaridad sea asumida por todos
los argentinos, sobre la base de compartir los beneficios
y los sacrificios equitativamente distribuidos;
• Que comprenda a la Nación como unidad
abierta generosamente con espíritu universalista,
pero consciente de su propia identidad.
“La comunidad a la que aspiramos es aquella
donde la libertad, la justicia y la responsabilidad
son fundamento de una alegría de ser, basada
en la certeza de la propia dignidad.” (Perón
“El proyecto Nacional” 1974)
Una doctrina - como hemos visto - supone principios
y valores que la sustenten, sin los cuales no puede
existir ninguna claridad sobre el rumbo a seguir.
Efectivamente, las doctrinas - en nuestro caso la
justicialista- tienen una intrínseca vinculación
con la situación en la que surgen, pero deben
estar orientadas por principios y valores coherentes
con las opciones de construcción social y política
elegidas.
Todo proyecto político supone una doctrina,
y toda doctrina supone principios y valores que la
sustenten.
DIFERENCIA ENTRE DOCTRINA, PRINCIPIOS Y VALORES
Las doctrinas se deben actualizar, pero los principios
y valores son inmanentes, absolutos, trascienden la
circunstancia histórica y las diversas coyunturas.
Doctrina
Surge de la reflexión social (filosófica,
política, teológica, sociológica,
de la sabiduría popular). Como hemos visto,
cada sociedad determina los requerimientos particulares
para su desarrollo y crecimiento de acuerdo a un proyecto
político.
De acuerdo con el pensamiento del General Perón,
las doctrinas políticas reúnen las siguientes
características:
1. Son formas de pensamiento y acción.
2. Son, en general, síntesis de grandes líneas
de orientación y representan apenas el enunciado
de innúmeros problemas.
3. Son “el alma colectiva” de la sociedad.
Afirmaba Perón al respecto: “La doctrina
política es el grupo de postulados que responden
a las aspiraciones, necesidades, y conveniencias nacionales,
y por extensión, populares. La doctrina peronista
es exclusivamente argentina, el Justicialismo es Universal.
La doctrina nos da una configuración espiritual
colectiva, vale decir un alma”.
4. Las doctrinas son permanentes solo en sus grandes
principios, pero es necesario ir adaptándolas
a los tiempos y a las necesidades. Por ello requieren
de permanente actualización, para mantener
su vigencia. “No pensamos que las doctrinas
sean permanentes, porque lo único permanente
es la evolución y las doctrinas no son sino
una montura que creamos para cabalgar sobre esa evolución
sin caernos” (Perón, 1974).
6. Las doctrinas constituyen factores de unidad, porque
nos permiten percibir y analizar los fenómenos
sociales de manera similar (unidad de concepción)
y actuar del mismo modo (unidad de acción).
“La doctrina tiene como finalidad formar un
alma colectiva, para que todos los peronistas, viendo
los problemas de una misma manera, los aprecien y
los resuelvan de una forma similar. Solamente así
tendremos el germen de la organización indestructible”
Valor
El valor vale, no es. Por ejemplo: Dios no vale, simplemente
es. En cambio el valor vale y para que sea debe encarnarse
en una cosa o en una acción. De este modo la
cosa se transformará en un bien y la acción
será correcta.
En la actualidad, algunos sectores de opinión
manifiestan que existen nuevos valores. Para nosotros
esto es absolutamente falso, dado que los valores
son inmanentes y trascendentes.
La sociedad posmoderna, que tiene una propuesta única
en lo ético-cultural, que habla del mundo uno
(The one World), en el que las diferencias desaparecen
para dar lugar a sociedades virtuales y video culturales
(en la que teóricamente somos todos iguales
y todos pensamos lo mismo); está comenzando
a hablar de nuevos valores. Se refieren a diversos
temas, algunos de los cuales tienen una importancia
decisiva en estos momentos (como por ejemplo los derechos
humanos y a la ecología). Pero para nosotros
no hay nuevos valores, sino circunstancias diferentes
a las que conocíamos, que desafían nuestra
creatividad y ponen a prueba nuestra capacidad de
comprender dimensiones nuevas y hasta ahora desconocidas.
Los valores no caducan, porque si así fuera
no existiría ninguna posibilidad de construir
absolutamente nada que tenga sentido estratégico.
Lo que sí ocurre es que ante los desafíos
nuevos y desconocidos, hay que interpretar los valores
correctamente para evitar la anomia de criterios y
el vale todo (ya sea en lo ético, en lo político
o en lo social).
Por ejemplo, nadie pone en duda que los mercados tienen
que cumplir un papel como instrumentos válidos
de la economía, pero solamente a quienes no
tienen los valores ni los principios históricos
y comunes del peronismo, se les puede ocurrir que
sea el mercado el regulador absoluto e inefable de
las relaciones individuales, sociales, interpersonales
e interinstitucionales.
Hay que tener cuidado cuando se habla de nuevos valores
e inmediatamente se descalifican a todos los actores
sociales y a la política como responsables
del atraso social y de la corrupción política
generalizada.
Si no tenemos valores, a partir de los cuales podemos
descifrar las novedades de la historia, no tenemos
ninguna capacidad de influir en el desarrollo o en
la modificación de los procesos políticos.
Sin embargo, nos señalaba Perón que
no es conveniente “la apelación a la
utopía que es, con frecuencia, un cómodo
pretexto para rehuir las tareas concretas y refugiarse
en un futuro hipotético que significa deponer
las responsabilidades inmediatas. Así como
también es frecuente presentar situaciones
utópicas para hacer fracasar auténticos
procesos revolucionarios”; “nuestro modelo
político propone el ideal no utópico
de realizar dos tareas permanentes: acercar la realidad
al ideal y revisar la validez de ese ideal para mantenerlo
abierto a la realidad del futuro”. (Perón,
El Proyecto Nacional, 1974).
Principios
Se define como lo que está primero en el ser,
el hacer y el conocer. Para el Justicialismo los principios
son las banderas históricas; Justicia Social,
la Independencia Económica, la Soberanía
Política, a las que Perón agrega en
el Proyecto Nacional el nacionalismo cultural continental,
que es el que explica la solidaridad entre los pueblos
de América Latina, el ABC (integración
de Argentina, Brasil y Chile) y que son la base fundante
del MERCOSUR.
Para Perón, “el Justicialismo encarna
principios permanentes emanados de la esencia misma
del hombre.... porque el pueblo ha impregnado al Justicialismo
de las constantes básicas de nuestra nacionalidad,
y... porque define una histórica determinación
de autonomía e identidad nacional. Sin tales
principios constantes, sin esa identidad, no hay posibilidad
de conformar un Modelo, con el cual cada argentino
que ama a su patria se reconozca” (Perón,
El Proyecto Nacional).
El General Perón manifestaba en “La comunidad
organizada” que “El hombre y la sociedad
, se enfrentan con la más profunda crisis de
valores que registra su evolución”, para
luego afirmar : “El Hombre puede desafiar cualquier
mudanza, si se halla armado de una sólida verdad”...”si
se ignoran las viejas verdades centrales -con nuevas
verdades circunstanciales, con nuevos sofismas-......Sin
embargo, “...es posible que la acción
del pensamiento haya perdido en los últimos
tiempos contacto directo con las realidades de vida
de los pueblos . También es posible que el
cultivo de las grandes verdades, la persecución
infatigable de las razones últimas, hayan convertido
a una ciencia abstracta y docente por naturaleza en
un virtuosismo técnico, con el consiguiente
distanciamiento de las perspectivas en que el hombre
suele desenvolverse... Acaso sobre el gran fondo filosófico
que es la verdad hayan prevalecido las tendencias...En
ausencia de tesis fundamentales defendidas con la
perseverancia debida, surgen las pequeñas tesis,
muy capaces de sembrar el desconcierto".
Otro de los principios fundantes de la concepción
justicialista es la de la Subsidiariedad.
Esto significa que el Estado no debe hacer lo que
pueden asumir los privados (en las diversas formas
posibles de asociación o iniciativa privada),
pero a la vez no puede desentenderse de la suerte
y el destino de los pobres, los excluidos del mercado
y de los marginados de la sociedad.
LOS VALORES ESENCIALES DE LA DOCTRINA JUSTICIALISTA
LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA
EL VALOR DEL TRABAJO
LA SOLIDARIDAD
LA JUSTICIA SOCIAL
LA LIBERTAD
EL BIEN COMÚN
La Dignidad de la Persona Humana:
Para el peronismo, que toma del pensamiento cristiano
el concepto de la persona humana, todos los hombres
y mujeres poseen una dignidad intrínseca fundada
en el carácter de hijos de Dios. El criterio
de inviolabilidad de la dignidad humana se diferencia
sustancialmente del pensamiento liberal y del pensamiento
marxista, y por esta razón el peronismo sostiene
una clara concepción de este valor en la construcción
social, en la cual el hombre es el centro y tanto
el Estado como las diversas formas de organización
social están obligados a respetarlo.
La Iglesia católica - en su magisterio - ha
repetido incesantemente su visión y su criterio
sobre la dignidad intrínseca de la persona
humana. Es desde ahí que se tiene como valor
sustantivo a la persona humana como categoría
básica desde donde establecer los principios
de reflexión, los criterios de juicio (tan
ausentes en esta era postmoderna) sobre situaciones
y estructuras así como orientaciones para la
acción. La persona humana como sujeto activo
y responsable de la vida social, constituye la fuente
de otros valores que también forman parte del
cuerpo de la doctrina social (el trabajo, la solidaridad
y el bien común).
La Iglesia lo ha vuelto a firmar solemnemente en el
último Concilio: “La persona humana es
y debe ser el principio, el sujeto y el fin de todas
las instituciones”.
“Pensamos en una nueva Argentina, profundamente
cristiana y profundamente humanista”. (Juan
Perón, diciembre de 1945).
“La observación del hombre tal cual es,
en sus grandezas y en sus debilidades, en su excelsa
dignidad y en sus limitaciones individuales exigen
el auxilio de la sociedad para el cumplimiento de
su misión, de su deber y de su destino”
(Juan Perón, octubre 3 de 1952).
De esta concepción de la persona humana, se
deriva naturalmente el Humanismo Peronista: “El
Humanismo Peronista no es intelectual ; no está
separado del pueblo, es práctico, concreto,
surge sobre las bases de realizaciones de nuestro
país ; éstas al crear un clima de consideración
a la persona humana dan el espacio necesario para
desarrollar una concepción orgánica
de la ubicación del hombre en esta coyuntura
histórica”....“Sobre la base de
nuestro humanismo, la tarea de todos los que trabajan
por el hombre, se sentirá alentada por la visión
del mundo mejor que nosotros auspiciamos” (Juan
Perón,5 de setiembre de 1952).
El humanismo peronista está aferrado a la realidad
concreta de nuestro tiempo, caracterizado por luces
y sombras, por la negación cotidiana de la
dignidad humana en una sociedad que va erosionando
sus valores y por la vigencia del pensamiento justicialista
que proclama una visión integral del hombre
que lo abarca en plenitud en su condición calidad
de ser material y espiritual, individual y social.
Decía Perón en 1948 “El imperialismo
ruso defiende al comunismo, vale decir, la explotación
del hombre por el estado. El otro grupo defiende al
capitalismo, valer decir la explotación del
hombre por otro hombre. No creo que ninguno sea la
solución para la humanidad, en consecuencia,
ninguno de los sistemas puede subsistir en el porvenir.
Es necesario ir a otro sistema, donde no exista la
explotación del hombre, donde seamos todos
colaboradores de una obra común para la felicidad
común, vale decir, la doctrina esencialmente
cristiana, sin la cual el mundo no encontró
solución ni la encontrará tampoco en
el futuro. No creo que para solucionar los problemas
que tiene el mundo puedan aferrarse a soluciones que
han fracasado en los hechos, porque el capitalismo
ha fracasado y el comunismo también”.
El Valor del Trabajo:
"El trabajo dignifica". Este axioma del
peronismo tiene su fundamento en la dignidad superior
del trabajo humano, el que, en el pensamiento cristiano
es la extensión de la obra de Dios en la tierra.
“Queremos una sola raza de hombres, los que
trabajan” dijo Perón en reiteradas ocasiones.
El trabajo humano no es un castigo divino, sino el
modo más digno de vivir que tiene una persona
y una comunidad. “Ganarás el pan con
el sudor de tu frente” afirmaba San Pablo.
El trabajo es, a la vez, el único redistribuidor
real y efectivo de las riquezas.
En estos momentos este valor adquiere una relevancia
sustantiva, ya que como producto de los impresionantes
cambios científico-tecnológicos, las
nuevas dimensiones del trabajo se ven radicalmente
afectadas en todos los órdenes. Hoy nadie puede
afirmar responsablemente cual es el futuro del trabajo
ni cual es el trabajo del futuro.
Las formas del trabajo también han cambiado
profundamente en otras etapas de la historia (recordemos
la revolución industrial).
Sin embargo, el trabajo humano mantiene su dignidad
intrínseca y para quienes tenemos un pensamiento
humanista y cristiano y un compromiso político,
es una severa interpelación de que manera podemos
generar empleos dignos para todos los argentinos.
El pensamiento “postmoderno” ha logrado
permear muchas cosas en nuestra sociedad, y hoy es
fácil escuchar que el que trabaja es un estúpido
y el inteligente es el que especula.
La iglesia, en su magisterio manifiesta:
"Todo hombre tiene derecho al trabajo, a desarrollar
sus propias cualidades y la propia personalidad en
el ejercicio de la profesión y en actitud de
responsabilidad, tiene el derecho a la libre iniciativa
en el campo económico”
“Tales derechos implican condiciones de trabajo
no lesivas de la salud física y de las buenas
costumbres y que no obstaculicen el desarrollo integral
de los jóvenes. Por lo que toca a las mujeres,
el derecho al trabajo exige condiciones conciliables
con las exigencias y sus deberes de esposa y madre.
A todos les debe ser reconocido el derecho a un reposo
conveniente y a la debida recreación”
La Iglesia y los derechos del Hombre.
Para la iglesia el, eje clave de la cuestión
social es la concepción del trabajo, ligada
directamente a la función de la propiedad,
el destino universal de los bienes y los derechos
de los hombres de trabajo. Si la economía,
la técnica y todas las disciplinas no se inspiran
en esta categoría, “son nocivas y van
contra el hombre” (Homilía de Juan Pablo
II en Nowa Huta, Polonia, 9 de junio de 1979).
El trabajo no es sólo una necesidad económica,
sino fundamentalmente moral y por ello “el salario
se convierte en la medida concreta de la justicia
de todo el sistema de todo el sistema socioeconómico
y de su justo funcionamiento” (Juan Pablo II,
misa para los trabajadores en Trujillo, Perú,
4 de febrero de 1985).
"No puede ser el hombre para el sistema, sino
el sistema para el hombre”. (Juan Pablo II,
8 de noviembre de 1978). “El fin de toda economía
no es la ganancia sino la promoción de la persona"
(Juan Pablo II, a la Unión Cristiana de Dirigentes
de Empresa de Italia, 14 de julio de1985).
La dignidad del trabajo deviene y posee relación
directa con la dignidad humana Es una categoría
humanista. El trabajo es el modo de ayudar al prójimo,
de construir la comunidad nacional y familiar y el
ethos cultural de un pueblo.
“La comunidad argentina es esencialmente una
comunidad de trabajadores, entendiéndose por
tales todos aquellos que desempeñando una actividad
lícita y útil laboran para la grandeza
de la nación”. Perón (25.2.53)
“Cuando estructuramos el Justicialismo comenzamos
por establecer que el orden de la organización
del Justicialismo no se basaba en el capital, sino
que se basaba en el trabajo, porque el trabajo es
lo único digno que tienen hombres y mujeres.
Es mediante ese trabajo que el Pueblo progresa y que
la Nación se engrandece, y no mediante el egoísmo
de atesorar bienes materiales. Es el renunciamiento
a la vanidad y a las estupideces cotidianas lo que
hace grande al hombre y se presenta a semejanza de
los altos valores de la humanidad”. (Perón,
ante delegados censistas en Santiago del estero, junio
19 de 1951).
El concepto peronista de la dignificación del
trabajo no solo abarca el mejoramiento de las condiciones
en que el mismo se debe desarrollar (salario digno,
seguridad social, etc), sino también en la
consideración social del trabajador. Es por
ello que a Perón lo llamaban “el primer
trabajador”.
En la Comunidad Peronista, el trabajo “es un
derecho que crea la dignidad del hombre y es un deber,
porque es justo que cada uno produzca por lo menos
lo que consume” (Perón 10.4.48).
Sin embargo, el hecho social del trabajo tiene hoy
otras características y otras dimensiones que
en décadas pasadas. El trabajo hoy tiene dimensiones
absolutamente distintas debido a la a una multiplicidad
de factores y de procesos científico-tecnológicos,
económico-financieros, políticos y ético-culturales
que trascienden largamente nuestras fronteras y nos
impactan con fuerza arrolladora. Existe por tanto,
una tensión entre la tradición del trabajo
y la tendencia a la globalización y la mundialización.
Esta tensión entre tradición y modernización
se nos presenta en un contexto muy diverso a las décadas
anteriores.
La mundialización de la que hablamos es un
fenómeno que trasciende largamente el espacio
productivo, financiero y comercial y tiene sus impactos
directos en el área política y cultural.
Las consideraciones y las acciones políticas
que se asuman sin considerar el espacio internacional
no son más decisivas ni relevantes y una gran
proporción de la resolución de los problemas
nacionales pasa por la manera en que el país
se inserta en un mundo que presenta estos cambios
complejos, rápidos, y muchas veces impredecibles.
Estamos asistiendo a una tendencia mundial en la que
se produce crecimiento económico sin generación
de empleo. Es un hecho tan inédito como universal.
La tendencia mundial es al desempleo.
En estas circunstancias, el valor del trabajo se transforma
en el instrumento más válido para medir
el progreso social y el desarrollo humano.
Y es sobre la base del valor del trabajo podemos determinar
que no se trata de una crisis del trabajo, sino de
una crisis de esta modalidad del trabajo La centralidad
del trabajo no esté cuestionada. El desafío
que tenemos por delante es el de descubrir la posibilidad
civilizatoria de recrear una nueva forma de trabajo,
más personal, más creativa, más
solidaria.
Si la tendencia es inevitable, y el valor del trabajo
y su centralidad no están en cuestión,
los dirigentes políticos tenemos la responsabilidad
de asumir responsablemente la posibilidad de fomentar
los vínculos comunes.
LA SOLIDARIDAD:
La solidaridad suele definirse como “un sentimiento
y/o acción de ayuda mutua entre dos o más
personas o grupos” o como “Cooperación,
ayuda o auxilio, individual o colectivo, moral o material”
(Léxico de política, Ezequiel Ander
Egg).
El peronismo es una expresión concreta de la
solidaridad humana y social. Una solidaridad entendida
en el marco de los intereses nacionales, por lo que
el bien común forma parte indisoluble del valor
de la solidaridad, y la comunidad organizada es la
ingeniería política concreta de la misma.
El Papa Juan Pablo II, “Solicitud do Rei Socialis”
califica a la solidaridad como: “Una virtud
humana y cristiana. Las exigencias éticas de
la solidaridad requieren de todos los hombres, los
grupos, las comunidades, las asociaciones y organizaciones,
las naciones y los continentes participen en la gestión
de todas las actividades de la vida económica,
social, política y cultural, superando toda
concepción puramente egoísta”.
La solidaridad, para el peronismo es un principio
fundamental del hombre, es una virtud humana y cristiana,
que se diferencia radicalmente del pensamiento liberal
individualista.
Para el liberalismo, la solidaridad no tiene sentido
el sentido que posee para nosotros porque: “El
hombre en sociedad es totalmente individual, o sea
que la sociedad es la suma de individualidades”.
Von Hayek (Camino de servidumbre).
LA JUSTICIA SOCIAL:
Expresión que designa la aspiración
a crear un régimen social de equidad y justicia
para todos los ciudadanos, sin desigualdades, injusticias
y privilegios.
También se utiliza para hacer referencia a
un conjunto de propuestas de partidos políticos
y movimientos sociales que tienen por objeto proveer
de bienestar, seguridad y orden a todos los miembros
de una sociedad, sobre la base de una igualdad de
derechos y obligaciones.
En otras ocasiones, su uso es más restringido
se refiere solamente a las disposiciones que tienen
por objeto mejorar las condiciones del trabajador
o reconocer sus reivindicaciones.
La Constitución Argentina de 1949 (Art. 37,
núm.6) explicitó el contenido mínimo
concreto de una política de Justicia Social:
posibilidades de disponer de vivienda, indumentaria
y alimentación adecuadas; de satisfacer sin
angustias las necesidades de cada persona y de su
familia, de forma que le permita trabajar con satisfacciones,
descansar libre de preocupaciones y gozar mesuradamente
de expansiones espirituales y materiales. La Justicia
Social responde a la necesidad social de elevar el
nivel de vida y de trabajo con los recursos directos
e indirectos que permite el desarrollo económico.
LA LIBERTAD:
“Condición de actuar de manera libre;
estado de un ser que tiene en sí mismo las
razones de sus elecciones y de sus actos. Facultad
que tiene la persona de obrar de una manera o de otra,
o de no obrar, teniendo en cuenta el uso de la libertad
de los otros”. (Ezequiel Ander- Egg, Léxico
de Política)
Para la Doctrina Social de la Iglesia, “la Libertad
existe en el hombre, ser racional que tiene facultad
para escoger una cosa y no otra, pero esto todavía
no es la libertad, sino que es necesario que la elección
sea conforme a la razón. La voluntad humana
no puede ser plenamente satisfecha más que
por el absoluto que es el soberano bien. De esto resulta
que todos los bienes aprehendidos aquí abajo
no pueden imponerse irresistiblemente y dejan una
zona en la que se mueve el libre arbitrio. Iluminado
por la razón el hombre podrá pronunciarse,
pero no podrá hablarse de libertad auténtica
más que en el caso en qué, triunfando
de la ignorancia y de las pasiones en una forma más
o menos grande, quiera seguir lo que su razón
le indique”.
Para el peronismo, la libertad solo es posible acompañando
a la Justicia Social: “La Libertad, la Justicia
son fundamentos de una alegría de ser, basada
en la propia dignidad”.
EL BIEN COMÚN:
El bien común puede ser definido como el conjunto
de condiciones sociales que asisten y favorecen al
hombre, al desarrollo de su persona. Esta expresión
fue acuñada por Tomás de Aquino, es
casi desconocida en el lenguaje de los politólogos,
pero es ampliamente utilizada en las Encíclicas
Papales y en la Doctrina Social de la Iglesia. En
nuestro país, el peronismo ha sido quien más
ha difundido este concepto.
“Seamos todos artífices del Bien Común,
y ninguno instrumento de la ambición de nadie”
(Perón, en reiteradas oportunidades)
“Con esta se designan las condiciones necesarias
para permitir y favorecer el desarrollo integral de
las personas en cuanto ciudadanos de un país;
tales condiciones son: Paz Social, seguridad en el
ejercicio de los derechos y cumplimiento de los deberes,
y máxima libertad e independencia para individuos
y familias”. (Léxico de política.
E. Ander Egg).
LOS PRINCIPIOS CENTRALES DEL PERONISMO
Aún cuando los principios fundantes y centrales
del pensamiento peronista son las tres banderas (la
construcción de una patria socialmente libre,
económicamente justa y políticamente
soberana), existen dos pilares centrales sobre los
cuales se desarrollan el conjunto de los valores y
principios peronistas. Estos son:
LA COMUNIDAD ORGANIZADA:
Es indudable que dentro del Justicialismo la expresión
“Comunidad Organizada” es mencionada reiteradamente
por dirigentes y cuadros del peronismo, aunque no
siempre se entiende de la misma manera.
Perón expone su concepto de la Comunidad Organizada
en su libro “Política y Estrategia”
afirmando: “El imperativo de la comunidad organizada:
Es por esto que las grandes alternativas que presenta
la historia a nuestro país, terminan deduciéndose
y no postulándose. Como deducción de
la experiencia que viene de la historia, cada día
se ahonda más el imperativo moderno de la Comunidad
Organizada como punto de partida de toda idea de formación
y consolidación de las nacionalidades”.
“El Justicialismo concibe al gobierno como el
órgano de la concepción y planificación,
y por eso es descentralizado; y al pueblo como el
elemento de acción, y para ello debe también
estar organizado. Vemos entonces como eso factores,
gobierno, Estado y pueblo deben actuar armónicamente
coordinados y equilibradamente compensados en la ejecución
de la misión común. Para que ello ocurra,
son necesarias una subordinación ajustada absoluta
del Estado al Gobierno y una colaboración y
cooperación inteligentes de las distintas fuerzas
del pueblo con el gobierno y las instituciones estatales”.
Las “organizaciones libres del pueblo”
tienen para el peronismo un papel y una responsabilidad
sustancial en la comunidad organizada. La Iglesia,
en su doctrina social, denomina a éstas las
sociedades intermedias.
Para Perón, éstas - las organizaciones
libres del pueblo - deben ser factores concurrentes
en los aparatos del Estado, de modo tal que - preservando
su autonomía - no sean absorbidas por el Estado
(como ocurre con el fascismo), pero que tampoco sean
instrumentadas en contra del Estado para la toma del
poder (como ocurre con el pensamiento y la práctica
marxista).
Continúa Perón manifestando: “Las
instituciones estatales, orgánicamente dependientes
del gobierno, están naturalmente tuteladas
en su acción por el mismo. Las instituciones
populares deben recibir idéntico trato, ya
que son el pueblo mismo, no está en manos del
gobierno organizarlas, porque esa organización,
para que sea eficaz y constructiva, debe ser popularmente
libre”.
Las sociedades intermedias u organizaciones libres
del pueblo tienen una autonomía que impide
que el Estado se entrometa en sus vida, porque “al
sentido de la comunidad se llega desde abajo y no
desde arriba” (Perón, La Comunidad Organizada).
“Esto significa que la Comunidad Organizada
no debe ser un orden impuesto desde arriba, sino que
es un orden impuesto por la base misma. Es así
que estas organizaciones naturales de la comunidad
surgen de abajo hacia arriba, de manera libre y su
función es ser factores concurrentes en los
aparatos del Estado”. (Alberto Buela, Aportes
al Pensamiento Nacional)
“Lo interesante es que, dentro del proyecto
de Comunidad Organizada, los diferentes organismos
libres del pueblo se incluyen en la gestión
política, sin que por ello sean empleados del
gobierno de turno, sino que se insertan en los diferentes
aparatos del Estado por su capacidad de sugerir, proponer,
orientar e incluso presionar en el ámbito que
es propio de su interés, para que las cosas
se hagan lo mejor posible”. (Alberto Buela,
ibídem)
“Entonces podemos decir que la idea de la Comunidad
Organizada se apoya en los siguientes postulados:
1. El hombre es libre sólo en una comunidad
libre.
2. Tiene incidencias reales en la vida de la sociedad,
en la medida en que está organizado, tanto
sea por solidaridad local como profesional ;y
3. Puede acceder a una vida próspera y feliz
en tanto que logra establecer una Justicia Social
distributiva, a partes proporcionales para los miembros
de la comunidad.
De este modo los ideales de libertad, justicia y solidaridad
son los postulados y las condiciones necesarias para
llevar a cabo la idea de Comunidad organizada”
(Alberto Buela, ibídem).
Por último Perón dice: “Nuestra
comunidad, a la que debemos aspirar, es aquella donde
la libertad y la responsabilidad son causa y efecto
de que exista una alegría de ser, fundada en
la persuasión de la dignidad propia. Una Comunidad
donde el individuo tenga realmente algo que ofrecer
al bien general, algo que integrar y no sólo
su presencia muda y temerosa” (La Comunidad
Organizada, Capítulo 21, parágrafo 12).
LA POLITICA COMO INSTRUMENTO SUSTANTIVO DE LA CONSTRUCCION
SOCIAL:
“La política es lo más complejo
y lo más precioso que existe: La vida, el destino,
la libertad de los individuos, las colectividades,
y de ahora en adelante de la humanidad. Y sin embargo
es en la política donde reinan las ideas más
simplistas, las menos fundadas,......La política
requiere vitalmente un pensamiento que pueda alzarse
al nivel de complejidad del problema político
en sí mismo y pueda responder a la voluntad
de vivir de especie humana” (Edgar Morin)
Para nosotros, la política es a la construcción
social lo que la filosofía es al conjunto de
las ciencias.
Etimológicamente hablando, es de la misma familia
que la palabra griega polis, “Ciudad Estado”,
de donde derivan: Politeia, “Estado”,
“constitución”, “régimen
político”, “república”,
politiká, “las cosas políticas
o cívicas” y politiké “el
arte de la política”.
Con la palabra política se puede estar haciendo
mención a la filosofía política,
y al arte o práctica de la política.
La filosofía política hace referencia
a los principios rectores conforme a los cuales se
ha de organizar la sociedad.
Por su parte, la ciencia política (denominada
también politología o políticologia)
tiene por objeto el estudio científico de los
fenómenos relacionados con el fundamente, organización,
ejercicio, objetivo y dinámica del poder en
la sociedad; según otros, su finalidad es el
estudio de todo lo referente al Estado.
Como arte, como técnica o praxis, por último,
designa aquellas actividades humanas que se realizan
con el fin de obtener o de ejercitar el poder dentro
de las estructuras gubernamentales, lo que permite
el mantenimiento, reforma o cambio radical de un determinado
orden de convivencia. Dicho de otro modo, hace referencia
tanto al ejercicio efectivo del poder estatal como
a las actividades que se realizan para alcanzar, ejercitar
y conservar ese poder.
“La política” (en femenino) hace
alusión a una actividad humana, como hemos
dicho, mientras que “lo político”
(en neutro) es una elipsis referida a la cosa política,
que tiene su correlato en expresiones como “lo
económico”, “lo social”,
ya que, como estas, designa una realidad interhumana,
si bien su ámbito se reduce a todo aquello
que se crea, mantiene o transforma por la actividad
política.
Por extensión, aplicado el término a
personas o conductas, política significa, también
traza o arte para concluir un asunto empleando los
medios necesarios para alcanzar un fin.
Se trata del procedimiento seguido en la administración
de algunos asuntos, en las relaciones con los otros
y en el gobierno de uno mismo; así se habla
de “política energética”,
“Política de ventas”, “política
de compras”, etc. Otra acepción es el
uso del término como sinónimo de habilidad,
diplomacia y de astucia para manejar asuntos delicados.
Para el peronismo, la política es el espacio
supremo de servicio al bien común, y por tanto
un instrumento extraordinario de promoción
humana y social.
La Política es, a la construcción social,
lo que la filosofía al conjunto de las ciencias
humanas.
Para nosotros, la Política el espacio superior
de servicio al bien común, y por tanto el instrumento
irremplazable para la vehiculización de los
valores que componen la esencia del peronismo .Es
por eso que podemos transformar la realidad y no solo
criticarla.
Efectivamente no somos iguales a otros pensamientos,
porque tenemos propuestas que arrancan desde nuestra
identidad nacional, y no de las versiones modernistas
(cuya propuesta es copiar para “igualarnos a
la nueva ciudadanía mundial”) .Por esta
razón es que podemos entender lo que pasa en
el mundo y lo que significan y representan las nuevas
exigencias y tendencias, pero no diluirnos en ellas.
En política, el que no tiene identidad no sabe
hacia donde va. Y el que no sabe adonde va, termina
en cualquier parte.
Las raíces profundas de la identidad peronista
parten de sus principios y valores; y se transforma
en Doctrina en la medida en que haya reflexión
social y unidad de concepción en los temas
centrales, particularmente en lo referido a los principios
y valores.
Sin unidad de concepción no puede existir el
basamento político-estratégico fundamental
para operar sobre la realidad. Y el análisis
y la recapacitación permanentes son los componentes
sustantivos para la actualización doctrinaria.
Sin ella, toda acción política se transforma
en ocurrencia individual, oportunismo coyuntural o
mesianismo irresponsable.
La política es el instrumento más noble
que tenemos para transformar la realidad. Pero sin
doctrina -producto de la reflexión social en
torno a los principios y valores que suponemos comunes-
no se puede hablar unidad de concepción. Por
lo tanto no puede haber una estrategia común.
En estas condiciones la política puede transformarse
en el espacio más tórrido de la corrupción
y del uso indiscriminado de medios secundarios que
se convierten en fines. Es así como se degrada
la esencia de lo trascendente y se reemplaza por lo
meramente contingente, violentando su naturaleza y
transformándola en una despreciable mezcla
de videopolítica, intereses corporativos y
hasta de códigos mafiosos.
El peronismo tiene todo lo que hay que tener para
revertir esta tendencia. De cada uno de nosotros depende
el resultado. El compromiso es de todos, la responsabilidad
de cada uno.
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