"En
nuestro país, la línea nuestra es la
línea de la primera junta, que era independentista.
Rosas, que defendió eso, Irigoyen, que fue
otro hombre que defendió también, y
Perón. Todos los demás gobiernos argentinos
han pertenecido a la anglosajona y la han servido,
de una manera directa o indirecta".
(PERÓN, conversaciones en Madrid, junio a octubre,
1971)
LOS
AÑOS DE LA DECADENCIA: EL SISTEMA LIBERAL DESDE
1930 A 1943
EL ESTADO LIBERAL SE OPONE FRONTALMENTE
AL ESTADO POPULAR
EL PRELUDIO DE LA GRAN REVOLUCION:
EL GOLPE DE ESTADO DEL 4 DE JUNIO DEL 43.
EL PRE-ESTADO JUSTICIALISTA
(1943-1946)
EL "DESCAMISADO"
DE OCTUBRE: LA REVOLUCION SOCIAL Y LAS VISPERAS DEL
PODER
LA LUCHA ELECTORAL
EL ESTADO NACIONAL JUSTICIALISTA
LA CAIDA DEL ESTADO JUSTICIALISTA
Y LOS AÑOS DE LA RESISTENCIA
LA RESTAURACION DEL ESTADO
LIBERAL (1955-73)
LA HISTORIA RECIENTE
LOS AÑOS DE LA
DECADENCIA: EL SISTEMA LIBERAL DESDE 1930 A 1943
La crisis mundial de 1930 (financiera, agraria, ganadera),
producto de los "ciclos económicos"
o recesiones que experimenta periódicamente
el capitalismo, se reflejó en nuestro país
como en un espejo, determinando que la "clase
dirigente" hiciera un replanteo de sus intereses
-confundidos con los del país-, negociando
con Inglaterra un vínculo más estrecho
-y servil- (tratado Roca - Runciman), uno de cuyos
gestores -nuestro vicepresidente- confesó en
Londres esta encubierta verdad: "que constituíamos
una parte del Imperio Británico" (desde
el punto económico). ¿No veía
Roca las relaciones existentes entre la dependencia
económica y su influencia sobre lo político?
Cuando años más tarde Roberto M. Ortiz
resultó electo Presidente de la República
en la Cámara de Comercio Británica,
ya nadie tenía dudas sobre nuestra situación
de factoría del Imperio. La sociedad cambiaba:
se acrecienta el proceso de desarrollo industrial
y lentamente, el nuevo papel proteccionista del Estado.
Esta industrialización no es llevada a cabo
por un sector autónomo, sino en gran medida
por la misma oligarquía terrateniente que con
gran talento político opera en tres frentes:
1) recuperación del poder político;
sustitución del gobierno popular de Irigoyen
(setiembre 6, 1930); 2) renegociación con el
imperio Británico sobre la nueva forma de relación
dependiente (Pacto Roca - Runciman) con asignación
de una cuota preferente en el mercado inglés
de carnes a cambio de igual trato para las inversiones
británicas en nuestro país; 3) se inserta
en el proceso productivo industrial con grandes inversiones.
Estas medidas imponían además de la
destitución de Irigoyen, una reorientación
del papel jugado hasta ese momento por el Estado.
De la política del Estado gendarme (dejar hacer,
dejar pasar) el aparato oficial se vuelca al intervencionismo
para salvar a los sectores dominantes: creación
de la Junta Nacional de Granos (que regula la comercialización
y producción agraria); Ley de Carnes (para
el control de la producción); Banco Central
(cuya estructura fue planificada por el perito británico
Sir Otto Niermeyer a fin de regular el aparato financiero);
control de cambios, etc.
El sistema empieza a cuestionarse con mayor intensidad:
primero, con el radicalismo irigoyenista, ahora, por
las diversas élites conspirativas -los nacionalismos-;
las agrupaciones en disidencia dentro del radicalismo
-FORJA-; por pensadores solitarios -Manuel Ugarte-;
finalmente, por políticos que demasiado tarde
descubren la profunda amoralidad del sistema: Lisandro
de la Torre.
La década del 30 presencia el acelerado agotamiento
del radicalismo como movimiento popular. Sus revoluciones
fracasan (Bosch, Paso de los Libres; los hermanos
Kennedy en Entre Ríos), y en la "artera
encrucijada del cuarto oscuro" le gana siempre
la oligarquía fraudulenta. Se había
extraviado la senda por la muerte del Caudillo (1933)
y la dirección claudicante y entreguista que
lo sucedió (encabezada por el grupo oligárquico
de Alvear). Mientras crece la industrialización,
surge una nueva clase trabajadora. Esta época
amarga, cuyo reflejo son los poemas de Discépolo,
es la de los grandes suicidas: Lugones, Alfonsina
Storni, Horacio Quiroga, Lisandro de la Torre.
Lisandro de la Torre fue quizá el último
liberal, de la estirpe de aquellos que en el siglo
XVIII destruyeron el absolutismo monárquico,
brindando al hombre una nueva conciencia moral. Su
destino lo condenó a nacer demasiado tarde.
En la generación del 80 hubiera sido más
que un Alem, un del Valle, un Wilde, un Joaquín
V. González, brillante parlamentario del sistema
que se hallaba en su madurez; seguramente, presidente
de la República. El liberalismo que le tocó
vivir fue el de la decadencia, el del fraude sistemático,
el de la oprobiosa dependencia externa. El grupo dirigente
(el "patriciado" del siglo anterior) había
perdido su coherencia de clase, su estilo, sus convicciones
en el progreso, y su fe en la democracia (si alguna
vez la tuvo). Su desencuentro con Irigoyen -y de hecho,
con el radicalismo-, al que no pudo entender en su
in organicidad democrática y en su fervoroso
nacionalismo popular, y su enfrentamiento con el Régimen,
cuyo verdadero rostro descubrió implacable
en los últimos años de su vida, lo dejaron
suspenso entre dos aguas, que concluyeron por llevarlo
a la esterilidad: la corriente popular irigoyenista
y la oligarquía europeística dueña
de la economía y de la cultura. En la estructura
total de la Argentina de su época, DE LA TORRE
NO TENIA NINGUNA POLITICA DE REEMPLAZO NI UNA CLASE
DONDE INSTRUMENTARLA. LA OLIGARQUIA ERA CONSERVADORA,
LA CLASE MEDIA, RADICAL Y LOS TRABAJADORES SE DIVIDIAN
ENTRE LOS PARTIDOS COMUNISTA Y SOCIALISTA. PEOUEÑOS
SECTORES DE LA BURGUESIA AGRARIA Y COMERCIAL; ALGUNOS
INTELECTUALES: HE AHI SU CLIENTELA ELECTORAL, SUS
SEGUIDORES. Esa fue su fatal falencia. A la vitalidad
del radicalismo y al fraude sistemático del
Régimen viciando las instituciones, quiso oponer
una democracia químicamente pura, con un parlamento
a la inglesa e instituciones municipales de las que
había visto en Estados Unidos. Su envejecido
proyecto, carente de viabilidad en función
de las necesidades de la sociedad de su tiempo, con
profundas apetencias de justicia social, de redistribución
equitativa de la riqueza, ávida de participar
en el poder político -todo lo cual llegaría
con el peronismo- tiñó de una amortiguada
sombra su figura, de un claroscuro cada vez más
opaco su inevitable frustración en la vida
pública, -y consiguientemente malogró
su vida personal supeditada a aquella-, hasta concluir
en el suicidio liberador con el que los grandes espíritus
expresan el desengaño de su época.
El equipo de Alvear en alguna medida era un complica
del régimen, al que legalizaba con su presencia
en los comicios. En el mes de junio de 1935 surge
dentro de la Unión Cívica Radical como
reacción contra la conducción, la Fuerza
de Orientación Radical de la Joven Argentina
(FORJA) uno de los precedentes ideológicos
más importantes del peronismo, que propugnaba
el retorno a la línea nacional y popular del
federalismo y del irigoyenismo, siendo sus banderas
de pronunciamiento "la soberanía popular,
la soberanía nacional y la emancipación
del pueblo argentino". (Manifiesto). Y sus consignas
"Patria, pan y poder al pueblo" "Tenemos
una economía colonia; tenemos una cultura colonial,
tenemos una política colonial". Sometida
a la influencia del primer Haya de la Torre, FORJA
propició la revolución americana y nacional
asentada en las masas y un antiimperialismo militante:
"la disociación de los pueblos de América
es tan grave causa de la opresión a que se
hallan sujetos, como el estado de separación
interna de las fuerzas llamadas a realizar su liberación.
Sostenemos la necesidad de instaurar la unión
efectiva de las naciones de América para realizar
los actos fundamentales de su emancipación".
La soberanía popular era "la democracia
del destino, que se hace presente en nuestra historia
en la heroicidad de los ejércitos de la libertad;
con el tumulto del pueblo de Mayo; con la bravura
indómita de Güemes y hasta con las simbólicas
cadenas que opone Rosas a la pretensión de
las banderas extranjeras que invaden nuestros ríos
y nuestra soberanía". Existe en FORJA
un claro concepto de la línea nacional opuesta
a la anglosajona, y a la participación de la
burguesía comercial del puerto en favor de
los intereses de los países centrales: "Fue
la finanza internacional en convivencia con el pequeño
grupo oligárquico local quienes promovieron
y gestaron en gran parte nuestra revolución
emancipadora de la tutela hispana, para entregarnos
a un coloniaje bastardo que aún sufrimos y
cuyas consecuencias se agravan con el tiempo".
También se tenía claro las etapas (y
misiones) que debían cumplir los movimientos
populares: "La tragedia de la patria entregada
a la voracidad internacional del capitalismo es la
tragedia argentina. EL PUEBLO QUE ALCANZÓ CON
YRIGOYEN SU EMANCIPACION POLITICA, RECLAMA AHORA SU
EMANCIPACION ECONOMICA". Y la videncia de nuestros
problemas nacionales alcanza hasta la profecía:
"Así la emancipación económica
y la justicia social, serán el complemento
indispensable de la independencia política"
(Jauretche). No obstante, la falencia de FORJA está
dada en que su pensamiento no trasciende la ideología
de la clase media; no consigue ligarse al trabajador
argentino. Estos debían esperar aún
el gran movimiento de masas -el peronismo- para canalizar
sus necesidades de justicia y cambio social. Vuelve
a reproducirse el traspaso proteico de la línea
nacional de un movimiento en otro; es la corriente
del río que sigue marchando a través
del tiempo, los vasos comunicantes que vivifican la
lucha del pueblo: el radicalismo da sus hombres (y
lo mejor de su pensamiento) al peronismo. Los que
quedan afuera están influidos por el espíritu
de partido y por la ideología del sistema liberal
que sobreviven en la mente de los dirigentes. La fórmula
Perón-Ouijano es sostenida por la Unión
Cívica Radical (Junta Renovadora), con Armando
Antille, J. Hortensio Ouijano, Eduardo Colom y otros;
de FORJA pasan al peronismo Héctor Maya, Miguel
López Francés, Alejandro Greca, Arturo
Jauretche, y uno de los más grandes visionarios
del pensamiento nacional de la época: Scalabrini
Ortiz.
Scalabrini se dedica a descubrir el mecanismo de dominación
del Imperio Británico en la Argentina, y en
especial, el poder de las empresas ferroviarias "superior
-como dice Hernández Arregui- al de los gobiernos
nacionales, el que impuso tarifas aduaneras, administró
o anuló puertos, orientó o impidió
determinados cultivos, enfrenó el desarrollo
de poblaciones enteras, escogió presidentes,
vetó candidaturas". En tal situación
Scalabrini postuló insistentemente que "adquirir
los ferrocarriles es adquirir soberanía".
"El hombre que está solo y espera"
como se había definido, aguardaba la Revolución.
No debió esperar demasiado: como el Bautista,
fue quien anunció la buena nueva para los humillados
y ofendidos: la época de crear y de vivir que
se acercaba, los años de los ferrocarriles
argentinos y de la justicia social, la hora de los
pobres y de los pueblos: LOS TIEMPOS DE JUAN DOMINGO
PERON.
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EL ESTADO LIBERAL SE OPONE FRONTALMENTE AL ESTADO
POPULAR
POR SU TRAYECTORIA Y ORIGEN HISTORICO LOS MOVIMIENTOS
DE MASAS NO PERTENECEN NI SE DEBEN A LA ESTRUCTURA
DEL ESTADO LIBERAL NI A LOS PRINCIPIOS DOGMATICOS
DE ESA DOCTRINA: SU FUENTE ES DISTINTA PORQUE TAMBIEN
DISTINTAS SON LAS VERTIENTES DE DONDE PROCEDEN AMBAS
CORRIENTES: EL PODER DE LAS MASAS SE ASIENTA EN EL
EJERCICIO DE UNA AUTENTICA DEMOCRACIA POPULAR, EN
LA EXISTENCIA DE UN CAUDILLO QUE LAS CONDUCE, EN SU
FUERTE CONTENIDO CONCEPTUAL-EMOTIVO DE NACIONALISMO
DEFENSIVO CONTRA LAS POTENCIAS COLONIALES, EN LA EXIGENCIA
DE UNA MEJOR DISTRIBUCION DE LA RIQUEZA Y EN QUE LOS
MEDIOS DE PRODUCCION Y LA CULTURA NO SEAN FACULTADES
INALIENABLES DE UN SOLO SECTOR DE PRIVILEGIADOS, SINO
QUE CUMPLAN UNA FUNCION SOCIAL. La presencia de las
masas, sus apetencias de poder político y de
creciente participación en las riquezas, determina
todo lo inconciliable que existe entre la dinámica
de movilización de estos Movimientos y la forma
(Estado Liberal) que los encubre.
Se hacía preciso pues, estructurar un nuevo
Estado adecuado a esas necesidades. Un nuevo ordenamiento
jurídico, empezando por la Carta Constitucional,
y la nueva ideología (comenzando por la historia)
de las masas nacionales. El radicalismo fue trabado
desde adentro (por el "grupo azul", antipersonalista
u oligárquico -Marcelo de Alvear, Melo, etc.-)
y desde afuera por el Régimen y el capitalismo
extranjero. Respetó los valores, el statu-quo
del liberalismo y pagó por ello: más
que destruido, fue integrado al sistema, hasta quedar
convertido en uno de los partidos políticos
del régimen fraudulento de la década
infame que decapitó el golpe de Estado el 4
de junio (1943).
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EL
PRELUDIO DE LA GRAN REVOLUCION: EL GOLPE DE ESTADO
DEL 4 DE JUNIO DEL 43.
El Estado Justicialista surge cuando la crisis del
liberalismo se hace irremediable. La sociedad capitalista
dependiente ha llegado a su agotamiento: fracasado
el populismo irigoyenista por la embestida de la debacle
económica mundial (1930); frustrado el conato
fascista de Uriburu (1930-32); anquilosado el Estado
pseudo democrático, putrefacto hasta las raíces
por la proscripción de las mayorías,
el fraude, los negociados (de las tierras del Palomar;
de la concesión de los servicios eléctricos);
sumergido en la injusticia social (presidencias de
Agustín P. Justo -1932-38-; Roberto Ortiz -
Ramón Castillo, 1938-43), se desemboca en el
definitivo callejón S/n salida: ha desaparecido
la democracia política, los partidos son irrepresentativos,
los imperialismos (Inglaterra, EE.UU.) luchan entre
sí para imponernos su dominación (comercio
de las carnes, frigoríficos).
El golpe militar del 4 de junio de 1943 pone término
a algunos de estos males. El eje conspirativo del
levantamiento fue el GOU (Grupo de Obra Unificada)
constituido formalmente dentro de las filas del ejército
el 10 de marzo de 1943, pero que preexistía
con anterioridad. Tiende en esencia, a lograr la unidad
de la oficialidad, desgastada por la política
fraudulenta que se venía practicando desde
la presidencia del Gral. Justo y levantaba un programa
de nacionalismo económico y depuración
administrativa. El presidente Castillo había
resultado impotente para detener la marea revolucionaria.
Su régimen se disuelve sin resistencia, y con
él casi un siglo de dominio oligárquico,
más allá de las tentativas del irigoyenismo.
El Gral. Rawson toma posesión del gobierno,
pero es reemplazado de inmediato por el Gral. Pedro
Pablo Ramírez, Ministro de Guerra de Castillo,
afín al GOU y a las necesidades de la logia.
El ejército que estaba detrás de la
revolución de junio pronto se definió:
era anti oligárquico, antiliberal y anticomunista.
Sospechado de fascista por el sistema, aspiraba (la
revolución) "a ser profundamente transformadora,
especialmente en su sentido moral y humanista"
y "no estaba destinada a cambiar hombres o partidos,
sino a cambiar el sistema". Su objetivo fundamental
era la lucha por la soberanía y la unión
americana practicando un nacionalismo defensivo ante
la penetración anglosajona mientras propiciaba
una política de industrialización fundada
en razones de seguridad. Coincidía en esto
con los intereses de la burguesía nacional
industrialista, ávida de proteccionismo estatal.
Esta década ha visto el crecimiento de un nuevo
proletariado fabril urbano, procedente de las provincias
como consecuencia de un acelerado proceso de inmigración
interna, el que no se integró a los partidos
políticos de extracción obrera (comunista-socialista).
Estos trabajadores esperaban el Verbo que les mostrara
el camino, la doctrina nacional de sus reivindicaciones.
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EL
PRE-ESTADO JUSTICIALISTA (1943-1946)
La Argentina desde la muerte de Irigoyen y la pérdida
de un sentido nacional totalizador de su movimiento
-copado por el antipersonalismo había quedado
sin voz. Desde los nacionalismos hasta Forja y otros
sectores del radicalismo se buscó infructuosamente
el camino. Pero la estructura de la Nación
había cambiado: ya no serían las clases
medias las protagonistas de la historia, sino los
trabajadores puestos de pie con su naciente Caudillo.
La ideología nacionalista -el justicialismo-
de la nueva clase trabajadora, le iba a ser dada por
un coronel miembro del GOU, que en 1943 (octubre 27)
se hizo cargo del Departamento Nacional del Trabajo,
transformado poco después en Secretaría
de Trabajo y Previsión (noviembre 27, 1946):
Juan D. Perón. Es él quien pone al descubierto
la cuestión social" (explotación
y sumergimiento de los trabajadores) y la necesidad
de la justicia social para concluir con esos males:
"Desde muy joven, cuando presenciaba la incorporación
de los soldados a mi regimiento, frente al estado
lastimoso en que llegaban, se había despertado
en mí un profundo sentimiento social ante lo
que todos considerábamos como una tremenda
injusticia. Entonces, más del 20 % de los soldados
convocados a las filas eran rechazados por debilidad
constitucional (y miseria fisiológica y social)
en un país que se ufanaba por contar con sesenta
millones de vacas. Al recorrer Europa pude persuadirme
que causas semejantes habían generado idénticos
efectos en las comunidades continentales". Decir
que en el Departamento de Trabajo surge el movimiento
peronista es fijar una fecha en el tiempo; el peronismo
brota de más atrás: de las experiencias
vitales de Perón, de la concreta situación
social del pueblo argentino, oprimido por los imperialismos
y explotado por las clases gerentes internas. La sombría
realidad que Perón conocía tan bien,
surgió nuevamente a la luz en el Departamento
de Trabajo: "lo que más impresionó
al coronel Perón en su visita al Departamento
de Estadísticas, fueron los diagramas del déficit
alimentarlo de la familia obrera. El sub-consumo o
consumo infra-mínimo era un cáncer que
minaba la existencia de cientos de miles de seres
que labraban la riqueza de unos pocos" (José
Figuerola, Jefe de Estadísticas de ese Departamento,
1943). La mortalidad infantil, el desempleo, la miseria,
las enfermedades endémicas en muchas zonas
del país; los trabajadores urbanos y rurales
sometidos a la explotación más inicua;
los mensúes, quebracheros, algodoneros chaqueños;
los obreros azucareros de Tucumán y Jujuy;
la despoblación de provincias enteras; el desarraigo;
la soledad del hombre impotente ante su destino; tal
fue la carnadura humana que latía más
allá de los cuadros estadísticos. El
alma de su pueblo desamparado fue lo que golpeó
el corazón de Perón. Así fue
que afrontó todos los riesgos: los enemigos
de adentro y de afuera eran poderosos. la Argentina,
que se había negado hasta el final a declarar
la guerra al Eje (Alemania, Italia, Japón)
se encontraba cercada por las grandes potencias vencedoras
de la segunda guerra mundial, aislada y sometida a
un implacable bloqueo económico. Perón
cree que solo el Estado puede estar en condiciones
de regular las relaciones sociales. Organiza la política
salarial, pone en marcha la estructuración
de los antiguos y nuevos sindicatos cuya conformación
jurídica se establece a través de la
ley 23.852/45 de Asociaciones Profesionales; crea
el nuevo régimen provisional (de jubilaciones
y pensiones), los Tribunales del Trabajo, el Consejo
Nacional de Previsión Social, hace sancionar
el Estatuto del Peón y la legislación
de aguinaldo y vacaciones pagas. Esta transformación
de las relaciones sociales y laborales pronto se hace
sentir: "en nuestro trabajo sindical advertimos
a partir de 1944 cosas increíbles: que se hacían
cumplir leyes sociales incumplidas hasta entonces;
que no había necesidad de recurrir a la justicia
para el otorgamiento de vacaciones; otras disposiciones
laborales como el reconocimiento de los delegados
en las fábricas, garantías de que no
serían despedidos, etc., tenían una
vigencia inmediata y rigurosa. Las relaciones internas
entre la patronal y el personal, en las fábricas,
habían cambiado por completo de naturaleza.
La democratización interna que imprimimos al
sindicato metalúrgico hacía que el delegado
de fábrica constituyera el eje de toda la organización
y la expresión directa de la voluntad de los
trabajadores en cada establecimiento" (Angel
Perelman, "Como hicimos el 17 de Octubre").
La oligarquía se revuelve exasperada. Con el
apoyo del embajador norteamericano Braden, organiza
la Marcha de la Libertad (setiembre 19, 1945) dirigida
a lograr la aniquilación del régimen
militar. La Unión Industrial, la Bolsa de Comercio,
la Sociedad Rural, coaligadas con los sectores políticos
van armando la trampa del alejamiento de Perón.
Este contesta todos los golpes: "las fuerzas
que se oponen a nuestra política de justicia
social han representado dentro del país la
eterna oligarquía económica, que ha
manejado a la oligarquía política";
"cuando se dice pueblo, somos nosotros; cuando
se dice aristocracia, capitalismo y otras calificaciones,
son ellos" (A los obreros ladrilleros, agosto
21, 1945). El 9 de octubre, 1945, algunos sectores
militares de Campo de Mayo, encabezados por el Gral.
Avalos piden al presidente Farrell la renuncia de
Perón. ¿Significa esto un fracaso de
su obstinada tentativa de unión pueblo-ejército?
No, es sólo un retroceso, una postergación
hasta el 17 de octubre. La renuncia se produce el
mismo día 9, y el 13 Perón es detenido
y trasladado a Martín García, donde
durante cuatro días permanece confinado en
una habitación. En ese lapso, pudo tener la
amarga sensación de la derrota y el fracaso.
Era solo una ilusión. Afuera de la isla, en
el gran Buenos Aires, en sus aledaños, en el
país todo, su nombre es bandera de combate
por la liberación, mientras el pueblo como
un gigante herido que toma fuerza se aprestaba para
dar el zarpazo definitivo: el 17 de octubre la nueva
conciencia en marcha cambiaría el destino de
la Nación para siempre.
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EL
"DESCAMISADO" DE OCTUBRE: LA REVOLUCION
SOCIAL Y LAS VISPERAS DEL PODER
La conciencia política deL peronismo -Perón,
trabajadores-, mostró su rostro el 17 de octubre.
"Yo te daré una cosa que empieza con p:
¡Perón!"; "la vida por Perón",
decían mientras marchaban hacia plaza de Mayo.
Perón era síntesis de todos los programas
posibles, de los derechos denegados y de las reivindicaciones
proscriptas; Perón era la necesidad de algo
más profundo: el poder, todo el poder para
el pueblo. La conciencia política y la organización
habían ido madurando en las relaciones con
el líder en la Secretaría de Trabajo
y Previsión. Cuando los trabajadores marchan,
cuando miles de hombres y mujeres de Berisso, Ensenada,
Avellaneda cruzan el Riachuelo; cuando de todos los
rincones del conurbano se empieza a invadir lentamente
la ciudad, desoyendo el paro dispuesto por las autoridades
de la CGT para el día 18, el pueblo ha encontrado
no solo una conciencia revolucionaria de su propia
fuerza y la organización que ha de llevarla
siempre al triunfo, sino al Jefe, al Conductor, que
ya no está en los vacilantes dirigentes de
la CGT, sino preso en Martín García:
Perón. Una de las figuras trascendentes de
la jornada y que la vivió por dentro ha dicho:
"fue un movimiento de gratitud hacia un hombre
aparentemente vencido. ¿Qué pueblo ha
salido a defender a un hombre vencido? Ninguno. ¡Solamente
el pueblo argentino! ¡Vean ustedes si habrá
sido y es grande Perón! Cuando él estaba
aparentemente vencido, el pueblo salió a la
calle con su bandera. PORQUE EN ESE MOMENTO AL DECIR
PERON, DECIAN PATRIA". (Eva Perón, Historia
del Peronismo).
Es la religión civil que empieza a andar: la
inmensa fe, la incapacidad para la duda, la fuerza
para creer y sentir. Cuando llega la noche, y el pueblo
se "ha lavado las patas" en las fuentes
de la plaza de Mayo, cuando la conspiración
antiperonista está vencida, el Jefe, el nuevo
y gran Caudillo, le habla a los trabajadores: "Este
es el pueblo de la patria. Es el mismo pueblo que
en esta histórica plaza pidió frente
al Cabildo que se respetara su voluntad y sus derechos.
Es el mismo pueblo que ha de ser inmortal, porque
no hay perfidia ni maldad humana que puedan someterlo.
Interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento
de una conciencia de los trabajadores, que es lo único
que puede hacer grande e inmortal a la patria. Esa
unidad la sentimos los verdaderos patriotas, porque
amar a la patria no es amar sus campos y sus casas,
sino amar a nuestros hermanos.
Y presente su vieja, obstinada idea de la unidad nacional,
aún en aquella noche de las luces y de las
sombras cuando el pueblo preguntaba "dónde
estuvo". Rehusa confesarlo, pero insiste: "Recuerden
los trabajadores: únanse, sean hoy más
hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que
trabajan ha de levantarse en esta hermosa patria la
unidad de todos los argentinos". Como dice Perón
un año más tarde "el 17 de octubre
será para todos los tiempos Día de los
Descamisados, el día de los que tienen hambre
y sed de justicia".
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LA
LUCHA ELECTORAL
Al 17 de octubre le sigue la conformación de
un desesperado intento de la partidocracia, y en su
conjunto de todo el sistema, para sobrevivir: la Unión
Democrática (radicales, comunistas, demócratas
progresistas, socialistas) que con la fórmula
Tamborini-Mosca para los comicios de 1946, enfrenta
a Perón-Quijano, boleta del partido Laborista
y del radicalismo (Junta Renovadora).
El debate encarado ciegamente por la Unión
Democrática en términos políticos,
era ya una lucha social, de división de clases.
Mientras se especulaba con el triunfo electoral basado
en la fuerza de los partidos coaligados, una realidad
inédita surgía desde abajo: el poder
sindical, como elemento decisivo en la balanza. El
enfrentamiento se daba a dos niveles: el mínimo,
explotador-explotado, patrón-obrero. El más
amplio, involucrante de una verdadera alianza no ya
de orden interno, sino en vista a la lucha nacional
antimperialista: "obreros, empleados, campesinos,
profesionales, artistas, intelectuales asalariados,
pequeños comerciantes, industriales y agricultores",
contra "latifundistas, hacendados, industriales,
comerciantes, banqueros, rentistas y todas las variedades
del gran capitalismo nacional y extranjero, con profundas
raíces imperialistas" (declaración
de principios del Partido Laborista, octubre, 1945).
O SEA YA, LA NOMENCLATURA DEFINITIVA DEL ENFRENTAMIENTO:
PUEBLO CONTRA OLIGARQUIA. Lo había dicho Forja:
"En el debate planteado en el seno de la opinión
está perfectamente deslindado el campo entre
la oligarquía y el pueblo" (Junta Nacional,
octubre 17, 1945).
El jefe de las masas había calado en profundidad
todo lo esencial que estaba en juego y sus consignas
llegaban a la conciencia del pueblo: "El enfrentamiento
se da entre la justicia social y la injusticia social.
Ouiero... dirigirme a los hombres de buena voluntad
que aún no han comprendido lo esencial de la
Revolución Social", y luego, lapidario
el llamamiento: "Hermanos: con pensamiento criollo,
sentimiento criollo, y valor criollo, estamos abriendo
el surco y sembrando la semilla de una patria libre,
que no admite regateos de su soberanía, y de
unos ciudadanos libres que sólo lo sean políticamente,
sino que tampoco vivan esclavizados por el patrono.
Síguenos: tu causa es nuestra causa; nuestro
objetivo se confunde con tu propia aspiración,
pues sólo queremos que nuestra patria sea socialmente
justa y políticamente soberana" (Perón,
Discurso de proclamación de la fórmula,
12 de febrero, 1946).
Las consignas a medida que se acercaba la fecha de
los comicios (24 de febrero, 1946) se hicieron dramáticas:
"No concurran a ninguna fiesta a que inviten
los patrones el día 23; quédense en
casa y el día 24 bien temprano, tomen las medidas
para llegar a la mesa en que han de votar. Si el patrón
de la estancia, como lo han prometido algunos, cierra
la tranquera con candado, ¡rompa el candado
o la tranquera, o corte el alambrado y pase a cumplir
con la patria!" (Discurso de clausura, febrero
22, 1946).
El 24 de febrero de 1946, los humildes, la clase trabajadora,
el pueblo argentino en su conjunto, que había
perdido a su caudillo y al movimiento nacional que
lo representara, se reencuentra con su destino: Perón-Quijano:
1.527.231 votos contra 1.207.155 de la fórmula
Tamborini-Mosca. Era ahora sí, "todo el
poder para el pueblo".
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EL ESTADO NACIONAL JUSTICIALISTA
UNA NUEVA MORAL EN LAS RELACIONES SOCIALES: LA JUSTICIA
SOCIAL.
El Estado Nacional Justicialista es el más
colosal intento de integrar a todos los sectores sociales
dentro de la Nación, y fundamentalmente, a
la clase trabajadora, superando las concepciones clasistas
(anarquistas, comunistas, socialistas) que hacían
de los obreros un grupo social antagónico (y
excluyente) de los otros sectores sociales.
La ideología superadora de los conflictos que
vino a reemplazar los presupuestos ideológicos
en liquidación del Estado Liberal, fue el Justicialismo,
que pretendía ser una "solución
humana a la mayor parte de los problemas del mundo
como tercera posición filosófica, social,
económica y política" dentro de
una democracia plena de justicia social, reparadora
de todos los abusos y privilegios. Se conocía
el camino justo, el término medio creador,
ajeno a los extremismos: "Conozco los linderos
que separan una reivindicación obrera de índole
económico-social de otra que aspira al dominio
del proletariado. Conozco que tan peligroso para nuestra
paz interna es el extremista que aspira al triunfo
para vengarse de las injusticias recibidas, como el
potentado que financia las fuerzas opresoras del pueblo"
(mayo 11, 1945, "A los trabajadores").
Por ello, la primera etapa del Estado Justicialista
fue de cambio social: se rescató de la explotación
a la clase trabajadora, institucionalizando las organizaciones
sindicales para ponerlas al servicio del país
dentro de un orden de paz social. Se las convierte
en factor de poder, no para condicionar al Estado
sino para constituirse en uno de los pilares de su
estructura y coadyuvar al equilibrio y armonía
de la Nación.
El aporte del peronismo es haber integrado a los trabajadores
pacíficamente dentro de la sociedad nacional,
sin destrucciones ni violencias. Ningún país
del Tercer Mundo, de la periferia sometida por el
colonialismo, pudo lograrlo antes ni después.
Ese es el legado de la revolución, su contribución
aún no debidamente reconocida por otros sectores
sociales, en especial la clase media.
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LA
CAIDA DEL ESTADO JUSTICIALISTA Y LOS AÑOS DE
LA RESISTENCIA (1955-1973)
Durante diez años (1946-1955) las masas ejercitaron
el poder político. Se vivió en el sistema
de la verdadera democracia: "el gobierno del
pueblo, por el pueblo y para el pueblo".
Pero la ideología del Estado Liberal permanecía
en el fondo de las conciencias de vastos sectores
de la clase media, en la Universidad, en ciertas estructuras
de los partidos políticos y del Estado y en
los antiguos grupos de poder y presión ligados
a la economía agro-exportadora que había
sido controlada por el Estado Justicialista.
Para ellos, la democracia auténtica era aquella
establecida por las instituciones del liberalismo,
la prevista para el sistema de la partidocracia, o
sea la que efectivamente ejercía una sola clase
social -la burguesía- y donde necesariamente
debían estar los sectores del trabajo convenientemente
reducidos como para no tener ningún tipo de
control (o poder) dentro de esos partidos. Cuando
irrumpe un movimiento de masas -el peronismo-, que
usa al partido apenas como rótulo jurídico,
puesto que lo trasciende en el dinamismo de sus múltiples
organizaciones y clases, como trasciende también
el Estado Liberal para el cual esos partidos fueron
creados, ya no estamos en presencia de la "democracia"
sino del "totalitarismo" o cualquier otra
forma de asignarle nombre a una realidad que algunos
no entienden y otros comprenden demasiado bien: por
ejemplo, los terratenientes y los monopolios cerealeros
enemigos del IAPI; la burguesía industrial,
necesitada de bienes de capital y de financiación
externa. Estamos ya en la etapa en que los imperialismos
monopolizan la producción industrial y el capital
bancario. La presencia de una Nación soberana
era altamente inconveniente para esos intereses y
un pésimo modelo para las naciones colonizadas
de América Latina.
Había que destruir no ya al gobierno justicialista
sino al mismo Estado Nacional, a fin de separar al
Estado de los trabajadores, y poder aplicar la nueva
política de explotación para la clase
obrera y de total subordinación de nuestra
economía al capital extranjero en esa etapa
de concentración y centralización.
La clase media, tan oprimida por la alta burguesía
como los sectores de trabajo, fue utilizada como eje
de maniobra contra el gobierno popular. Cien años
de contaminación ideológica, de adopción
de pautas, valores y sistemas de la oligarquía
pesaban sobre su mente, el miedo a proletarizarse,
a descender de escalón social, su especial
psicología enemiga de todo cambio y en especial,
de esa transformación vertiginosa que el peronismo
le había impreso al mundo que le rodeaba; su
individualismo, reacio a proyectarse hacia la comunidad,
su misma dependencia económica con relación
a la oligarquía, la convirtieron en colaboradora
y cómplice. Las realizaciones del Estado Justicialista
en la esfera social, el avance de la clase traba adora
hacia mejores condiciones de vida, su mismo poder
político, se les antojaba una injusticia incalificable.
El 16 de junio de 1955 estos prejuicios e intereses
sólidamente coaligados, golpearon contra el
sistema justicialista: un sector de la Marina de Guerra,
tomó posesión del Ministerio y alrededor
de mediodía bombardeó la Casa Rosada,
masacrando al pueblo. Al anochecer, la rebelión
había fracasado. La actitud generosa del gobierno,
al negarse a aplicar la pena de muerte a los insurrectos,
convirtió a este episodio en una especie de
ensayo para otra tentativa más vasta: el 16
de septiembre, unidades militares de Córdoba
y Curuzú-Cuatiá y las bases navales
de Río Santiago y Puerto Belgrano asestaron
el segundo golpe que el gobierno, contando con el
apoyo casi total del Ejército y de la Aeronáutica,
pronto estuvo en condiciones de sofocar. Pero se trataba
de un operativo general, que involucraba diversas
zonas del país y el Peligro de la guerra civil.
Así lo comprendió el Jefe de Estado
que era también el Caudillo que debía
velar por su pueblo: "No he tenido ninguna duda
acerca de la posibilidad del pueblo y del Ejército
para sofocar la rebelión, pero esta lucha costaría
demasiada sangre. Yo, que amo profundamente a mi pueblo,
me horrorizo al pensar que por culpa mía los
argentinos puedan sufrir las consecuencias de una
despiadada guerra civil. No quiero morir sin realizar
antes un último esfuerzo dirigido a garantizar
la tranquilidad de mi gente". Era un ofrecimiento
de renunciar al poder, por la paz y la unidad de todos
los argentinos. Creía de este modo salvar las
conquistas de los trabajadores y los derechos del
pueblo a la justicia social. El 25, partía
Perón hacia un largo exilio de 18 años.
Era el turno de la línea anglosajona.
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LA RESTAURACION
DEL ESTADO LIBERAL (1955-73)
El 23 de septiembre (1955) se hace cargo del gobierno
el Gral. Eduardo Lonardi. Se inicia así el
período de la "Revolución Libertadora",
que comprende dos etapas: Lonardi (septiembre 23,
noviembre 13, 1955) y Pedro Aramburu (noviembre 13,
1955-1958) de creciente poder represivo. La Confederación
General del Trabajo es intervenida, de igual modo
que la Confederación General Económica;
se inhabilita a dirigentes sindicales y delegados
de fábrica en forma masiva (150.000). El aparato
del Estado Justicialista es desmontado minuciosamente:
desnacionalización del Banco Central; liquidación
del Instituto de Promoción del Intercambio
(IAPI) y de la Fundación "Eva Perón";
derogación de la Constitución Nacional
por decreto (abril 23, 1956) y restauración
de la Constitución liberal de 1853; disolución
del Partido Peronista, etc. Se falsifica un cuadro
sombrío de las finanzas argentinas y de inmediato
se nos integra -tal como era el proyecto de los mentores
del golpe contra el gobierno justicialista- a la economía
mundial en una etapa de absoluta concentración.
Ingresamos al Fondo Monetario Internacional y se aplica
el denominado Plan Prebisch.
El 9 de junio de 1956 un movimiento revolucionario
pro-peronista dirigido por el Gral. Juan José
Valle es vencido a pocas horas de su estallido y son
fusilados sus participantes civiles y militares en
basurales y guarniciones, entre ellos el propio jefe
del levantamiento.
El peronismo sobrevivió a todos estos embates;
la línea nacional siguió corriendo por
debajo de las instituciones demoliberales. En 1958,
Arturo Frondizi sucede a Aramburu, y procede a aplicar
la nueva política del imperialismo para los
países subdesarrollados: "el desarrollismo".
Todo este período y los que le siguen: José
M. Guido (1962-63), Arturo Illia (1963-66) y la "Revolución
Argentina" (1966-73) con sus tres presidentes,
Juan C. Onganía, Roberto Levingston y Alejandro
Lanusse, está signado por ocupaciones de fábricas,
represión, atentados, terrorismo, guerrilla
urbana y rural, proscripción de las mayorías
y gobiernos espúreos ante su ausencia.
La única salida para un país en la encrucijada,
era el retorno del pueblo al poder, o sea del peronismo.
Cuando el sistema liberal penetra al definitivo tembladeral
de sus crisis, y se han agotado todas sus opciones
económico-políticas, volvió sus
ojos hacia el creador de una doctrina que siendo justa,
está al servicio de los trabajadores, pero
por encima de ellos, de la Nación en su conjunto.
Era el gran Caudillo proscripto, que, a diferencia
de San Martín y Rosas, pudo retornar del exilio
para servir todavía a su país, liberado
de odios y rencores, "casi descarnado",
por encima del mal o del bien. Jamás había
ocurrido antes en Latinoamérica ni en el mundo.
El justicialismo, como los árboles, había
sabido retoñar sus verdores; como un incendio,
propasarse en los espíritus de la nueva sociedad.
El 25 de mayo de 1973, el peronismo retornó
al poder.
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LA
HISTORIA RECIENTE
Pero el Gral. Perón muere el 1º de julio
de 1974, asumiendo su vicepresidenta y esposa, María
Estela Martínez de Perón, que es derrocada
por un gobierno militar, el 24 de marzo de 1976.
Luego de la Batalla de las Malvinas, el gobierno militar
cedió a las presiones populares. El 30 de Octubre
de 1983, es electo Raúl Alfonsín, de
la UCR, derrotando electoralmente al peronismo por
primera vez en su historia. Esto dió comienzo
a un período de renovación, que permitió
el regreso del peronismo al poder. El 14 de mayo de
1989, es electo presidente de la Nación el
Dr. Carlos Saúl Menem, que gobernó por
dos períodos, hasta el 10 de diciembre de 1999.
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